Muchos negocios chilenos funcionan solo con Instagram y les va bien. La pregunta no es cuál es mejor, porque hacen cosas distintas: Instagram sirve para que te descubran, la web para que te elijan.
1. En Instagram no apareces cuando te buscan
Cuando alguien escribe en Google “barbería en Viña del Mar”, Google muestra páginas web y fichas de negocio. Un perfil de Instagram rara vez aparece ahí. Esa persona estaba lista para comprar y no te encontró.
2. El horario de atención lo pones tú, no el cliente
Las consultas por Instagram llegan cuando el cliente quiere, y se responden cuando tú puedes. En el intervalo, la mayoría ya le preguntó a otro. Una página con reservas permite que agenden solos a las once de la noche.
3. La cuenta no es tuya
Si Meta suspende tu cuenta por un error, un reporte falso o un cambio de política, pierdes tus publicaciones, tus seguidores y tu canal de venta el mismo día. Ha pasado y no hay a quién reclamarle. Tu dominio, en cambio, está a tu nombre.
4. Instagram no da confianza de empresa
Para una venta chica basta. Para un servicio de $200.000, o para venderle a otra empresa, un perfil sin sitio web genera dudas. Un dominio propio y un correo con tu dominio hacen una diferencia desproporcionada frente a un correo de Gmail.
Lo que sí conviene hacer
- No abandones Instagram: sigue siendo tu mejor canal para que te descubran.
- Usa la web para lo que Instagram no puede: aparecer en Google, mostrar precios sin repetirlos y recibir reservas solo.
- Enlaza tu web desde la biografía. Ese enlace es el que convierte seguidores en clientes.
Instagram te trae gente. La web hace que esa gente compre sin que tengas que contestar.